Una alternativa de izquierda es indispensable para superar la tibieza del progresismo y cerrarle el paso a la ultraderecha. Esa opción exige formular críticas abiertas a la sumisión gubernamental a los poderosos, para canalizar el malestar social hacia salidas transformadoras. La experiencia argentina ilustra las trágicas consecuencias de justificar esas capitulaciones. Las miradas complacientes o extractivistas desconocen las diferencias que separan a los opositores de los enemigos de los trabajadores. Es indispensable tomar partido frente a los balotajes, votando contra los candidatos fascistas para preservar los espacios de organización popular. La izquierda revolucionaria debe coordinar acciones y clarificar sus estrategias frente al nuevo escenario regional.