El retroceso de Estados Unidos en la región no atenúa el sometimiento neoliberal al dominador de la región. Al contrario, genera fantasías de buen servidor y mitos de prosperidad latinoamericana, derivada del creciente peso de los inmigrantes hispanos. Pero la tentación de negocios con Beijing y la dependencia político cultural de Washington inmoviliza a los conservadores. El neoliberalismo repite las mismas fórmulas de concentración agraria, que históricamente distanció a la región de la industrialización estadounidense. Desconoce la gravitación de la soberanía política, en la trayectoria histórica contrapuesta de Estados Unidos y América Latina. También ignora la incidencia de la balcanización en la indefensión frente al coloso del Norte. El conservadurismo contemporáneo potencia todas las adversidades legadas por sus antecesores.