La caracterización de la nueva derecha exige registrar la ausencia del peligro socialista que engendró al fascismo y de las guerras que enfrentaron a las potencias centrales. Esa corriente encarna la reacción frente a las conquistas populares y se diferencia del progresismo en su invariablemente respuesta a las demandas sociales. El populismo no es un concepto esclarecedor de la oleada derechista. Coloca en un mismo casillero a los exponentes y oponentes de ese proceso, disuelve su contraposición con la izquierda y oscurece los intereses de juego. La batalla en curso se libra en las calles y en las urnas, evitando las vacilaciones que envalentan a un peligroso enemigo.