Israel participa en la remodelación estadounidense de Medio Oriente, con guerras para dividir al mundo árabe, contener a las potencias regionales y sepultar los intentos de democratización. Esa matanza enmarca el desastre humanitario que la entente norteamericana-israelí impone a toda la región. Biden y Trump han convalidado todas las aventuras de Netanyahu, transfiriendo mayores responsabilidades a su apéndice sionista frente al fracaso de las intervenciones directas de los marines. Ese protagonismo de Tel Aviv convulsiona todos los escenarios del Gran Oriente Medio.