Las derrotas afrontadas por Estados Unidos no implican victorias antiimperialistas. Los yihadistas son la contracara de ese anhelo. En Afganistán triunfaron los retrógrados talibanes, en Irak gobierna una represiva administración teocrática y en Siria el régimen autoritario contiene a las fuerzas reaccionarias. Todas las intervenciones estadounidenses terminaron en descalabros. En la primavera árabe la contraofensiva conservadora prevaleció sobre las rebeliones democráticas y el conflicto de la autodeterminación kurda reaparece acordonado por Washington. En la región se han entrelazado batallas antiimperialistas, democráticas y nacionales. El avance del movimiento popular exige articular esas tres resistencias.