El potencial descontrol de la IA deriva de la competencia ciega por el beneficio, pero la sospechosa alarma actual incuba subsidios a las empresas afectadas por la rivalidad china y la burbuja bursátil. Se reproducen escenarios de contienda atómica, pero el uso militar ya verificado es el peligro más inmediato. Hay enormes semejanzas e interacciones con el desmadre climático. Todas las adversidades persistirán, si en lugar de socializar la IA se convalida el poder de una plutocracia digital, que se adueña de los datos, mercantilizando a su favor un bien común de la sociedad.